Tortonda

 

 

FICHA.

 

Comarca: Serranía

Altitud: 1.110 m

Censo de habitantes:39

Distancia de la capital:75 Km

 

 

EL LUGAR Y SUS GENTES.

 

El campanario de la iglesia de Tortonda es castillero, un poco de lanza y coraza domo las torres gemelas de la Catedral. Las tierras que rodean al pueblo son oscuras, y dice la gente que cuando la climatología acompaña dan mucho fruto.

 

Tortonda, el pueblo, se ensancha casi a mitad de la Calle Real formando una plaza inmensa, en la que hay una fuente de piedra que es al mismo tiempo monumento a los hombres del campo, pues remata con una vertedera de tiro de mulas con la que los labradores de otro tiempo removían la tierra pasada la recolección en mañanas interminables y tardes de sudor. En esta especie de plaza se abriga dentro de su funda de yedra el tronco de una olma concejil que debió de ser voluminosa, memorial de un siglo de sombras que acabó cuando la dichosa enfermedad.

 

         En una de las casonas de las Calle Real vive una anciana adorable. Se llama Teodora Huertas la buena mujer. Tiene por estas fechas noventa y tres años sobre su cuerpecillo menudo. Doña Teodora guarda como oro en paño, con todo cariño y con todo el sigilo de su corazón los aparejos de montura que colocan encima de la seguntina cono prelado. Las seis o siete piezas que completan el aparejo fueron elaboradas en Tortonda allá por la segunda década del siglo que ahora muere. Se trata de hábiles manuales logradas a base de paciencia, de hilos de colores y de tejido resistentes propios de aquella época. Lo demás es todo producto de la imaginación y del bien hacer de la tía política de doña Teodora, a la que llegó la muerte sin haber dado fin a su trabajo; misión que tendría que concluir nuestra amiga poco después. Manta blanca  de lana de oveja en la cubierta  y en la sobrecubierta, con los hilos de seda en las borlas y en los ramales, es todo el material; el ornamento son bordados de flores y mariposas.

 

         Algunas de las casas de Tortonda reflejan en su envejecida estructura y en la piedra travesaña de sus dinteles un pasado manifiesto de bienestar. Las gentes de Tortonda debieron tener lo suficiente para vivir con cierta holgura de los productos del campo, y de lo poco o mucho que pudiera dejarles la ganadería.

 

         La gente de más edad suele hablar al forastero cuando se les pegunta de dos personajes de renombre que nacieron allí, y cuyos retratos respectivos se pueden ver en la iglesia del pueblo como un poco a manera de exvoto. Son estos personajes don Victoriano Ciruelos, ilustre abogado, y don Julián Bermejo, sacerdote, confesor de los reyes don Alfonso XII y de la reina María Cristina, su mujer.

 

         Como patrón y fiesta mayor del pueblo, en Tortonda honran a San Pedro Apóstol. Por las afueras hay dos ermitas: una dedicada a San Lorenzo y otra a San Roque.

 

 

         LA HISTORIA.

 

 

         Tras la reconquista, perteneció esta aldea al Común de Villa y Tierra de Medinaceli, usando su fuero y estando sometida a su jurisdicción y acciones comunales, con la participación en los aprovechamientos de pastos y leñas de todo el territorio. Desde el siglo XV, estuvo además sujeta al señorío de la poderosa familia de los de La Cerda, y , por lo tanto, incluida en su amplísimo territorio o ducado de Medinaceli, hasta el siglo XIX.

 

 

         EL PATRIMONIO.

 

         Su iglesia parroquial, dedicada a la Concepción, es interesantísimo ejemplar de arquitectura románica rural, construida en el siglo XII, aunque  con reformas posteriores. De dicho estilo, conserva en el muro norte, la galería porticada en la que se abre una puerta central y una seria de arcos laterales, a ambos lados de la misma; los de su derecha destruido sen el siglo XVI para abrir otra puerta semicircular con decoración de bolas. Los arcos de medio punto están apoyados en capiteles con hojarasca sencilla. El resto del templo es posterior; muestra una torre rematada en almenas, simulando un castillo. Y una portada barroca sencillísima de acceso el templo por occidente.

 

         En dirección norte, en el camino hacia Torremocha y Pelegrina, se encontró una cueva con su entrada cerrada por una piedra monolítica, de metro y medio de altura, sobre calzos que le permiten movilizarse, y varias incisiones y tallas. En el interior de dicha cueva existen grabados y estilizaciones humanas de remoto origen. Existen similares grabados rupestres en las zonas de <<el Bosque>>, <<el Polvorín>> , <<la Fuente de don Eugenio>> y <<el Portachuelo>>. En el mismo entorno se encuentran restos que certifican la antigua existencia de poblado neolítico.

 

 

                                                                                     Herrera Casado/Serrano Belinchón